Cada vez me preocupan más, no sólo a mí, sino a tod@s l@s compañer@s de profesión con los que hablo, las decisiones que veo de determinados ayuntamientos de «prohibir» a los perros miccionar en determinados sitios. El último, el ayuntamiento de Puerto Real en los árboles, porque la orina los pudre.
El perro además necesita asegurar el entorno donde vive, no vale que «me lo lleve a mear» a un parque canino o a una zona X. No, necesita oler y dejar su propio olor en su entorno más inmediato. Es como si a nosotros nos sacaran desde casa a otro punto con los ojos tapados. Imaginaros lo «seguros y tranquilos» que íbamos a permanecer en nuestra propia casa…
A ver, estamos conviviendo con una especie con un cerebro olfativo, esto es, para ellos su mundo, su ser, su forma de expresarse, su forma de interactuar y relacionarse con todo y todos lo que tienen a su alrededor es a través de los olores. El perro recibe una inmensa cantidad de información a través de la nariz, (y eso es lo que hasta ahora sabemos. El mundo de los olores en el perro cada vez nos aporta más sorpresas a medida que se va ahondando en su estudio.) y, a su vez, también deja la suya para que la reciban los demás. Todo esto al perro le aporta seguridad, confianza y autoestima, entre otras muchas cosas más que, evidentemente, tienen que ver con el equilibrio y el bienestar del perro. Las micciones del perro no son únicamente una necesidad fisiológica como en nosotros, sino una forma importantísima de comunicación.
No dejar que un perro sea perro, porque al fin y al cabo es eso, se traduce en perros con problemas en los paseos, miedos, conductas destructivas en casa, ansiedad, nerviosismo, estrés, agresividad con otros perros o personas, micciones y deposiciones en casa, e infinidad de problemas más que no me voy a poner a enumerar.
Además, según una de las 5 libertades, las leyes de bienestar animal, nos dice que tenemos que dejar que el animal pueda realizar conductas que les corresponden etológicamente como especie, y «prohibiendo» que pueda dejar marcajes olfativos, en palabras llanas, les estamos «jodiendo la vida». Señores y señoras, después nos llenamos la boca hablando de bienestar animal, que en política vende mucho últimamente.
Dentro de los marcajes, los verticales (en paredes, árboles, etc) también son muy importantes, y no solamente para los machos. Ni os imagináis la cantidad de información distinta que un perro puede dejar a otro según la forma en la que orine, sobre todo si el otro perro lo está viendo.
Soy muy consciente de que cada vez hay más perros en las ciudades, pero es que queremos convivir con perros y nos molesta que lo sean. Queremos un peluche para tocar cuando nos apetezca, pero que luego no moleste. Tampoco hago apología de ir ensuciándolo todo por todos lados. Podemos llegar a un equilibrio en la convivencia, limpiando fachadas y recogiendo excrementos, y no dejando que orinen en la puerta de nadie o debajo de una ventana, pero sí unos metros más para allá, porque creedme que el lugar que nuestro perro escoge también es importante. No es un «ahí porque sí», sino que tiene un motivo.
Y en cuanto a los árboles, quizás el problema está en que hay muchos perros para orinar en los dos árboles pelados que tenemos en cualquier barrio, si es que los hay. Igual podemos plantar más árboles y ganar todos a la hora de tener un entorno menos estresante y artificial, con más sombra, menos temperatura y un aire más limpio. Igual el perro viene a decirnos que vivimos en un entorno de mierda, y nosotros, en lugar de escucharlo, lo hacemos callar del todo prohibiéndole que se comunique.
Mi compi Jonás Thulin hizo estas camisetas como campaña para recalcar la importancia que tienen los pises en la vida y el bienestar del perro, así que, qué mejor que dicha camiseta para ilustrar esta publicación.
La verdadera convivencia no está en anular con prohibiciones absurdas a una especie para no molestar a la otra, sino en buscar puntos en común donde todos podamos alcanzar un equilibrio y un bienestar.



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