Nos centramos en buscar el por qué a cada cosa que hace un perro, nos centramos en la conducta, en el análisis bajo lupa, en psicoanalizar cada acto que hace, en buscar un motivo a todo, en buscar «culpables», en buscar «soluciones»… Pero, bajo mi opinión, es algo que debería ser mucho más fácil y natural que eso.

Cuando una persona está asustada o en alerta por algo, no le hacemos un interrogatorio de por qué eso le preocupa, desde cuándo y con qué intensidad. Tampoco quiero corregirla o castigarla.Simplemente nos damos cuenta del estado emocional de esta persona, empatizamos con ella, nos hacemos cargo de su situación e intentamos acompañarla de la mejor de las maneras posibles, sin sobreexponerla ni obligarla a hacer nada, ofreciendo con nuestro acompañamiento una confianza en nosotros que hará que esa persona se pueda ir sintiendo comprendida y respaldada en esa situación, y que incluso pueda llegar con nuestra compañía a tratar de intentar probar cosas que por sí sola no se hubiese atrevido. Jugamos con distancias y tiempos, no porque nadie nos diga a cuántos metros colocarnos ni cuanto tiempo tiene que estar viendo qué, sino porque vamos reevaluando constantemente de una forma inconsciente cómo está esa persona que tenemos a nuestro lado, cómo vive dicha situación y qué necesita en cada momento.

Tampoco nadie nos ha dicho qué palabras decir, cómo decirlas o cuándo callar, y muchísimo menos qué orden dar.

Entonces, ¿Por qué nos resulta tan difícil empatizar con un perro?.

No se trata de ponerme en el lugar del perro tal cual, porque, sencillamente, no soy él. Se trata de ser capaz de evaluar cómo esa situación la está viviendo ese individuo que tenemos ahí delante. No podemos sentir lo que siente el otro porque, aunque incluso hablando de una misma emoción, cada individuo la experimentará de una forma diferente y única. Se trata de atender un poquito a las expresiones faciales y corporales, a la tensión muscular, a la forma y velocidad de moverse o no moverse, a la respiración, a la mirada, etc, etc. Esto que parece tan difícil y que, sin embargo, lo estamos haciendo constantemente en una interacción con otras personas de una forma totalmente natural.

¿Por qué lo hace? ¿Y qué más da? Igual no lo llego a saber nunca, pero tampoco es algo que me quite el sueño. ¿Y si mejor nos centramos en lo que sí podemos hacer para que el individuo se sienta mejor, e igual más adelante no tenga la necesidad de hacerlo?


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *